Beneficios de leer en voz alta para personas con dislexia
- Tania Estrada Morales

- 4 feb
- 3 Min. de lectura
Actualizado: hace 5 días
Hoy celebramos el “Día Internacional de la Lectura en Voz Alta”.
Leer en voz alta puede ser muy beneficioso para una persona con dislexia, siempre que se haga con apoyo y sin presión.
A lo largo de mi vida académica y personal, enfrentar la dislexia no fue fácil. Nada de esto habría sido posible sin el acompañamiento constante, la paciencia y el apoyo incondicional de mi familia, maestros y mi logopeda, que fueron fundamentales en mi proceso de aprendizaje.
Algunos de los beneficios más importantes:
Puede mejorar la confianza si se hace en un entorno seguro y sin juicios.
Ayuda a reducir la ansiedad lectora cuando se evita la corrección constante y se prioriza el refuerzo positivo.
Refuerza la conciencia fonológica: ayuda a conectar letras con sonidos, una de las principales dificultades en la dislexia.
Mejora la decodificación: practicar el sonido de las palabras fortalece el reconocimiento de patrones lingüísticos.
Facilita la automatización de la lectura con la práctica guiada y repetida.
Beneficios multisensoriales:
Leer en voz alta combina vista + oído + habla, lo que es especialmente útil para personas disléxicas, que suelen aprender mejor con enfoques multisensoriales.
Escucharse a sí mismas puede ayudar a detectar errores y autocorregirse.
Comprensión lectora:
Cuando se hace a un ritmo adecuado, mejora la comprensión, porque obliga a procesar activamente el texto.
Aumenta el vocabulario expresivo.
Mejora la fluidez verbal, la pronunciación y la estructura de las frases.
Recursos Didácticos:
Leer sesiones cortas y frecuentes.
Uso de apoyos: seguir el texto con el dedo, tipografías amigables, audiolibros como complemento.
Quizás porque tengo dislexia, mi creatividad, mi pensamiento visual, mis habilidades para resolver problemas y mis conexiones son extraordinarias.
Lectoescritura para personas con dislexia
Un relato dedicado al Día Mundial de la Lectura en Voz Alta.
Vayamos atentos...
Debajo del asfalto recién puesto, seguían latiendo las sensaciones que el pueblo había aprendido a enterrar: memoria, hambre, dignidad. Las llamaban “ruido”, “exceso”, “desorden”.
Decían que había que proteger la libertad. Lo repetían en discursos, en carteles, en pantallas

gigantes. Pero nadie explicaba cómo vencer el miedo, y el miedo era el verdadero proyecto.
Había más pueblo civil que pueblo uniformado. Las cifras lo confirmaban, los cuerpos lo demostraban en cada esquina. Sin embargo, mandaban los uniformes. El pueblo civil siempre ha sido mayor que el pueblo uniformado...
- ¿Entonces por qué tanto miedo?
- ¿Por qué no luchar por nuestros ideales?
- Habían aprendido a ceder y porque el pueblo, cansado, aceptaba esa obediencia como una forma menor de supervivencia.
Mientras en las vitrinas, los estilos desfilaban. Sabían venderse.
La indignación un accesorio
Al pueblo se le exigía paciencia. “Es temporal”, decían, como si la espera no fuera una condena permanente. Paciencia frente a la represión, paciencia frente a la desigualdad, paciencia frente a la violencia.
Al uniforme, en cambio, que siguiera creando miedo, pero con protocolo. Construir, sembrar, organizarse no se exhibía. No era tendencia.
Al uniforme se le pedía tolerancia, pero sabían a quién golpear, cuándo callar, a quién proteger.
Mientras tanto, la vitrina seguía invitando a mirar, a consumir sin miedo. Comprar para no pensar. Mirar para no actuar.
Elegir estilos en lugar de decisiones
Creo que después de esta crisis mundial de las cenizas de la tierra se abrirá una nueva era y ningún uniforme alcanza para taparla.
La esperanza nacerá en forma de gratitud y empezaremos a ser más fuertes. Empezaremos a tener menos miedo y a recorrer el camino hacia una vida más simple.
Superar los desafíos de la dislexia ha sido un largo camino, y no lo he recorrido sola. Nada de lo que he logrado habría sido posible sin el apoyo, la paciencia y la confianza de mi logopeda, de unos profesores maravillosos, de mis amigos y de mi capacidad para convertir la autodisciplina en el camino hacia la mejora continua.
Por Tania Estrada



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